Aquileo Mederos Vázquez: Una leyenda penitenciaria

“El General” o el “Aguila”, como muchos internos lo conocen, cuenta su historia de prisión que lo ha mantenido en silencio durante esas cuatro paredes impenetrables

Por Héctor Parra

Primera parte

Quizá el tiempo ya no importe, porque no existe historia pasada que vuelva a ser presente. Lo que sí es cierto, es de que Aquileo Mederos Vázquez, lleva más de 22 años de estar recluido en una prisión, y a pesar de que ya concluyó su condena, aún no ha podido “volar” para ver lo que hay más allá de esas cuatro largas paredes.

– ¡Buenos días!

– buenas…

-Señorita, tengo una entrevista con el señor Aquileo Mederos, ya está autorizada, ¿podría ver al director?

– ¿De la opinión, verdad?

-Sí, le respondí

Mientras le entregábamos en sus manos las identificaciones, la oficial de guardia levantó la bocina. dos, tres palabras. Y.

– ¡Pásenle! Nada más que pongan sus datos y fírmenle aquí por favor.

Así fue.

Tras la visita “oficial” a la oficina del director del penal, finalmente el acceso fue concedido.

La segunda, tercera, cuarta y quinta caseta libradas.

Son cerca de las 11 de la mañana. Y ahí vamos perdiéndonos entre el silencio que guarda el penal de Atlacholoaya, más no sus miles de historias que también están encerradas con cada recluso.

Volteo a mis lados, empiezo a buscar mi sombra. Ahí va a mi costado, como siempre lo ha hecho. Al frente va el custodio que nos encamina por ese laberinto metálico prohibido para los internos, quienes jamás se atreverían a brincarlo, porque saben que encontrarían la muerte por los custodios que “tienen la autorización para matar a aquel cabrón que pretenda hacerlo”, decía la voz acompañante.

Ahí estaba ya a la espera de nuestra llegada. El paso del tiempo y los años, le cambiaron el rostro y su cuerpo. No así sus ojos verdes que ahora están acompañados por anteojos, que seguramente el mismo tiempo le exigió adquirir.

14 años tuvieron que transcurrir para volverlo a ver. En el año de 1992, me había concedido la primera entrevista en el hoy extinto penal de Atlacomulco, en donde se le achacaba de “comandar” el autogobierno del centro penitenciario; que por cierto lo hicieron “desaparecer” en el entonces gobierno de Antonio Riva Palacio López, siendo director del centro de readaptación social, Carlos Villavicencio de la Rosa.

-Cuántos años sin verlo licenciado, me dice.

Le extiendo la mano y me da un abrazo. Le correspondo de la misma manera.

– Señor Aquileo, ¿cómo está?

– Bien, señor licenciado, muy bien.

Pasando con el tiempo y el tiempo pasando en mí.

Arrima una mesa que habían puesto ex profeso para la entrevista. Acerca las sillas e inicia el relato.

Ahí se rompen las barreras. Ya no hay mallas ni muros que impida la escapatoria de sus sentimientos. El silencio que guardó durante muchos años, las deja al viento para que sean gravadas en esa pequeña máquina que construye historias y leyendas.

Su rostro se va más cansado, pues el tiempo no perdona, y menos cuando se está “muerto” en vida en un penal.

Abre las páginas de su memoria. Una a una las empieza a contar. No olvida el mínimo detalle; fechas, horas, silencios y las noches obscuras que muchas veces le crearon pesadillas y hasta insomnios.

Los casi 23 años que lleva en prisión Aquileo Mederos Vázquez, sabe que su próxima historia se debe contar y escribir muy diferente. “Debo de ser correcto, debo de enderezar el barco; que debo de ser apto, propio y con ideas de humildad”.

Hoy ya no quiere hablar de su pasado; de ese pasado trágico que le arrebató su libertad, y que a pesar de haber cumplido su condena, aún sigue recluido en el penal de Atlacholoaya.

“El General” o el “Águila Real”, como muchos internos lo conocen, cuenta su historia de prisión que lo ha mantenido en silencio durante esas cuatro paredes impenetrables; testigos también de que su libertad aún no le sea concedida, a grado tal de que es el interno con más años purgados en la historia penitenciaria de Morelos.

-¿Por qué ingresa Aquileo Mederos Vázquez a prisión?

-Para mí fue un accidente que tuve como ser humano. Un error que cometí como ser humano. Fui acusado por robo y esa fue la causa de mi detención y pena corporal.

-A cuántos años fue su condena?

– Fueron dos procesos; uno común y el otro federal. A mí se me detuvo por la causa del orden común. En este caso, por una pena de 12 años que data desde el año de 1983, concretamente a partir del 2 de diciembre de 1983. A los dos meses con posterioridad sacado de la misma averiguación penal judicial, me abrieron un proceso federal, igual por los mismos delitos de asociación delictuosa y robo.

En el fuero federal me sentenciaron a 15 años 8 meses, y en el fuero común a 12 años. En la audiencia de amonestaciones me dijeron que iba a estar en su totalidad por los dos procesos, 9 años 7 meses 28 días, y en ese entonces no había derogamiento de la ley, y por proceder, las dos penas de una sola averiguación penal judicial, se me dijo que yo iba a estar 9 años 7 meses 28 días, en donde la mayor absolvía a la menor, en este caso la federal era la mayor, pero esta juez posterior de habérseme dictado el auto de formal prisión del orden común, y no fue así. Para mi entendimiento, que lo primero es lo primero, y en este caso era el orden común, hubiera sido lo primero..

El día 4, 7, 9 12 y 14 de mayo de 1992 en el Cereso de Atlacomulco, se me practicaron estudios de personalidad, se me dijo que para mi libertad, el día 19 se me dictó una libertad. Le estoy hablando de mayo de 1992. Se dictó libertad por lo que corresponde al orden común, en donde fueron a notificarme de prevención social, en donde yo ya no les debía, diciéndome textualmente que por instrucciones del licenciado Lavín Flores, director de prevención social de ese entonces, yo ya no debía al gobierno del estado, pero que mi boleta de libertad no me la entregarían por tener la causa pendiente federal 10/84, y en este caso la del orden común es 407/83; es muy diferente 83 a 84. Por lo tanto, yo consciente de que iba a estar 9 años 7 meses 28 días en prisión, no sabía tampoco que me iban a conducir al penal federal de Almoloya de Juárez, en este caso al Cefereso número 1, en donde el día 19 de julio de 1992 me trasladaron para allá. Repito, diciéndome el personal de prevención social que mi boleta no me la entregarían debido a que tenía pendiente la causa federal 10/84.

Lo interrumpo y cuestiono.

-¿Por qué lo mandaron hasta el penal de Almoloya de Juárez?

– Ignoro la causa fundamental hasta hoy en día. Creo no haberme conducido con un acto vergonzoso. Creo haber trabajado con un espíritu de labor social. Eso era lo que yo creía estar haciendo en el penal de Atlacomulco. Sin embargo, sin conocer los motivos, ellos me trasladaron para allá.

-¿Cuándo fue, en la noche o en el día?

– Fue aproximadamente a las doce de la mañana. Entonces ignoro con fundamento la causa de mi traslado.

-¿Cuál fue su primera impresión al enterarse de que lo iban a llevar al penal federal?

– Pues simplemente existía un nuevo penal federal, en donde iban supuestamente a concentrar a todos los narcotraficantes del país, y personas en este caso de gran extensión de peligrosidad, y así fue como me llevaron para allá, por lo tanto, no me dieron la libertad a los 9 años 7 meses 28 días, sino que fue a los 10 años 6 meses.

-¿Cuánto tiempo estuvo en el penal de Almoloya?

-Casi 10 años. Faltaron como tres meses para cumplir los diez años.

– Pero aquí en Morelos ya había cumplido varios años ¿o no?

-Efectivamente, ya había cumplido 8 años 6 meses.

– Es decir que estuvo casi 10 años en Almoloya y aquí en el penal de Atlacomulco 8 años 6 meses, que suman en total 18 años 6 meses.

-Sí, pero aquí llevo ya otros 4 años y el resto de estos meses (de enero a la fecha) en donde cumplí el pasado 2 de diciembre del 2005, 22 años con tres meses en prisión.

-¿Cómo fue su vida en el penal federal de Almoloya de Juárez. Cambió radicalmente a lo que usted vivió en el penal de Atlacomulco?

-Yo creo que la experiencia de Atlacomulco, fue causa de una atención, de un fajamiento a lo que es verdaderamente readaptación.

En cambio, yo le nombro “readaptatorio”, fue causa también en Almoloya de Juárez, en donde pude asimilar la conducta del ser humano, en donde yo considero que he cambiado mi forma de juicio; es decir, he entendido lo que es el contenido de readaptación. La readaptación es un cambio de ideas. Entonces yo creo haberme congratulado a los buenos hábitos de la sociedad. He interpretado en 22 años cumplidos, que no he tenido ningún castigo. Creo que me he conducido en un sistema penitenciario en este caso, como lo es el Cefereso número uno. Si hay mucha diferencia entre allá y aquí. Aquí hay un relajamiento para mí en un 80 por ciento, dígase propiamente psicológico.

Allá es una presión psicológica muy fuerte, donde no se puede ni hablar, no se puede manifestar más que ¡sí señor! y ¡no señor! Si le preguntan a uno, ‘está usted enfermo’, tiene que contestar ¡sí señor! O ¡no señor! No hay diálogos. Entonces es una presión más que física, es psicológica.

-Daña o no daña a la mente?

– ¡Sí daña! Daña hasta cierto punto, sin embargo las terapias ocupacionales hacen salir de ese daño psicológico, para mi hasta cierto punto intencional. Creo yo que las terapias ante todo, son causa de readaptación. No propiamente de presión psicológicas. Las terapias, los esparcimientos de educación son parte de la readaptación. Para mí me dio mucho efecto el estar estudiando la preparatoria en Almoloya de Juárez, en donde pude asimilar que la historia no sólo de México sino la Universal, me dio mucho resultado, además de estar participando en actividades manuales de artesanías, pinturas, en donde pude apreciar la pintura al óleo, pude participar en muchas actividades que fueron para mí de readaptación. Número uno, la educación, que fue la que me llevó a culminar la preparatoria en ese penal.

-Cómo son las noches? Son frías, demasiado obscuras. ¿Cómo son los amaneceres en ese penal?

– ¡Las noches son frías por naturaleza, por el clima del estado de México. En el día nos sacaban a que nos diera el sol, pero a veces no podíamos estar ni en el sol ni en la sombra, porque son extremosos. Entonces, teníamos que estar un rato y un rato. Esa vida en el penal fue una experiencia para mí, donde propiamente se forma uno un juicio, un alto pensamiento, en donde los hábitos se asimilan; la vida social se asimila y pude adquirir el contenido también de un interés por integrar a mi familia y socializarme con los hábitos necesarios.

-Cuando le comentan a usted que va a regresar al penal de Atlacholoaya ¿qué le dijeron?

-¡Nada! porque no me avisaron.

Simplemente no hay diálogo. Usted unifórmese y va a ser conducido al área de servicio médico, en donde le reciben a uno doctores, doctoras, sicólogos y criminólogos, entonces lo forman a uno; nos ponen a hacer “ochos” y “cuatros” para ver en qué estado se encuentra uno. Y eso fue lo que sucedió, porque nunca supe que me iban a traer para acá (Atlacholoaya).

“Antes, cuatro años antes, me habían dicho que la única forma de obtener mi libertad -que por cierto ya la alcanzaba-, fue el 6 de noviembre de 1998. Me dijeron que cuáles eran mis dudas jurídicas. Les dije que tenía tres a unas personas de la dirección de prevención social de aquí del estado que llegaron allá. Y les comenté, el por qué me trajeron aquí; dos, cuándo voy a salir; y la última, el por qué a mi co-acusado, el señor Ricardo Manzanares Rodríguez, sentenciado a las mismas penas igual que yo, y radicados en los mismos expedientes, le dieron su libertad en el año de 1994. Posteriormente me llevan a mí para Almoloya, mi co-acusado se queda en Atlacomulco, me dan mi libertad federal en Almoloya de Juárez, y a mi co-acusado lo ponen a disposición del Poder Ejecutivo estatal y le dan la libertad aquí en Morelos.

El 30 de julio de 1994 me dan mi libertad del fuero federal, y me pusieron a disposición del Poder Ejecutivo de Morelos, sin embargo, nunca me trajeron para acá, pero mi co-acusado sale, entonces yo he solicitado muchas veces a las autoridades penitenciarias que llevan mi caso, a que lo revisen, pues si mi co-acusado salió en otra administración, yo a partir del 30 de julio de 1994, volví a empezar la misma sentencia, para mí ya liberada, a 12 años de prisión del orden común de la causa 407/83 y hasta el momento no me han dado una explicación ni una esperanza de que pueda salir de aquí”.

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